Ensalada de calabacín y avellanas con vinagreta

Ensalada de calabacín y avellanas

Vale, es verde. Muy verde. Y fácil. Requetefácil. Pero está buenísima, sanísima y sorprende su sabor. Es ideal para aplacar conciencias que han pecado durante un fin de semana entero con comida basura, alcohol y otros excesos. Si, asistentes al Primavera Sound, podéis daros por aludidos. Esta ensalada, acompañada de un Bloody Mary, os quitará la resaca, o al menos os dará la ingenua sensación de haber sido un poco menos malos. Solo necesitas unos cuantos ingredientes frescos y un bol grande.

 

Ingredientes (para 2 personas)

  • 1 bolsa de ensalada mezclum
  • 1 calabacín grande
  • 2 puñados de avellanas partidas por la mitad.
  • 200 gr de queso curado a trocitos, lascas de parmesano o queso de cabra
  • Sal maldon

 

Para la vinagreta

  • Un chorro generoso de aceite de oliva virgen
  • Dos cucharadas de mostaza a la antigua
  • Un chorrito de vinagre de Módena

 

Preparación

Comenzamos por filetear el calabacín y hacerlo a la plancha con un poco de sal. Reservamos.

Preparamos la vinagreta mezclando los ingredientes en un vaso.

Mezclamos en un bol grande el resto de ingredientes y coronamos con el calabacín templado y las avellanas. Añadimos la vinagreta por encima, espolvoreamos sal Maldon y ¡voilà!

 

 

Vermicelli con berenjena y mango

Vermicelli con berenjena y mango

Se podría decir que éste es nuestro plato asiático favorito del semestre. Ya van tres las veces que lo hemos hecho y cada día que pasa nuestro amor por él es más profundo. ¿Qué lo hace tan especial? Todo, absolutamente todo lo que puedas sentir con tu lengua te lo proporciona este plato (malpensados: absteneos de poner en marcha la maquinaria). Si quieres acidez y frescura, ahí tienes la lima. ¿Amargor? El cilantro ¿Dulzor? El mango ¿Un punto picante? La guindilla, el ajo y la cebolla. Todo en uno. Tus papilas gustativas de repente se convierten en Chimo Bayo hace veinte años. O ahora.

Si estáis faltos de emociones fuertes: no os lo penséis más y esta noche daos un homenaje asiático.

Ingredientes (para 4 personas con hambre)

  • 120 ml de vinagre de arroz
  • 40 de azúcar lustre
  • 1 cucharadita de sal
  • 1 diente de ajo picado
  • 2 guindillas secas picadas
  • 1 cucharada de aceite de sésamo
  • La piel rallada y el zumo de una lima
  • 220 ml de aceite de girasol
  • 2 berenjenas pequeñas cortadas a dados
  • 1 mango maduro cortado a daditos
  • 30 gr de albahaca o menta fresca picada
  • 25 gr de cilantro fresco picado
  • ½ cebolla roja cortada en juliana
  • 300 gr de fideos de arroz o vermicelli
  • Un poco de sésamo tostado para decorar

 

Preparación

Comenzamos preparando el aliño. En un cazo pequeño calentamos a fuego lento el vinagre, el azúcar y la sal durante un minutos o dos, hasta que el azúcar se disuelva. Retirar del fuego y cuando esté frío mezclar con el aceite de sésamo, el zumo y la piel de la lima, las guindillas y el ajo. Dejar reposar.

Freír en una sartén grande los dados de berenjena con el aceite de girasol. Añadir una pizca de sal. Escurrir sobre papel de cocina y reservar.

Preparar los vermicelli según instrucciones. Normalmente indican hervir agua, apagar el fuego y meter los vermicelli durante cinco minutos. Colar y reservar.

En un bol grande mezclar los fideos con la berenjena, el mango y el aliño. Remover con cuidado para no romper los fideos. Añadir el cilantro y la albahaca (o menta) y la cebolla fresca. Volver a remover con cuidado. Decorar con un poco de semillas de sésamo por encima.

 

Cupcakes de lima

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La colaboradora de este blog Patricia te da Tiricia vuelve a la carga con una refrescante receta de cupcakes de lima ¡No os la perdáis!

Hola. He vuelto. Mira que bien.

Este fin de semana he cocinado una receta totalmente distinta a las que me tienen acostumbrada. En verdad, llevo dos fines de semana cocinando además de para mis habituales de siempre, también para mi. Es que parecía que me había impuesto la norma de no comer lo que cocinaba. Me explico. No me gusta el chocolate. Sólo el chocolate blanco y aún ese, me empacha. Así que en muchas ocasiones por no decir todas, no llegaba a comerme ni un cupcake. Pero bueno, estoy decidida a recuperar el tiempo perdido. Y precisamente por esta razón ando a la búsqueda y captura de recetas nuevas.

No me acuerdo de cómo exactamente llegué a la receta de cupcakes de lima pero me pareció estupenda la idea de combinar lo ácido con lo dulce. No es nada nuevo, lo sé. Todas nuestras madres alguna vez nos han hecho un bizcocho con ralladura de limón midiendo las dosis de azúcar y harina con el danone. No obstante, sólo me queda decir que la lima mola más y lo he demostrado con los cupcakes de este fin de semana.

 De este modo, aprovechando la novedad en mi cocina le propuse a una pareja de amigos disfrutar de una rica merienda de domingo para que probaran lo dulce que cocino y aceptaron encantados. Como hacía unas pocas semanas había sido el cumpleaños de uno de ellos y le dije que cuando quisiera le preparaba algo a él y a su novio, era la ocasión perfecta. Además, cuando leí la receta original y vi que el frosting era de mascarpone…era una apuesta segura porque ambos son amantes incondicionales del queso. Aunque tengo que decir, que no tenían ni idea de qué era el mascarpone hasta que le hincaron el diente. Son más de salado que de dulce. Totalmente comprensible. No concibo que exista alma humana que no se deleite con un buen queso y un buen vino.

Cuando ya llevas un tiempo cocinando conoces las medidas y el tiempo que necesita tu horno para que te salga la magdalena siempre tierna y te atreves a modificar a tu antojo las recetas en las que te inspiras. Cuando empecé a cocinar seguía las instrucciones a rajatabla (que es lo que hay que hacer si no tienes mucha idea) pero me horrorizaban las cantidades de mantequilla que supuestamente hay que ponerle a una receta de cupcakes. Por otro lado, en las primeras semanas de llevar el delantal puesto fui avasallada a consejos por toda fémina que se enteraba que me estaba atreviendo a cocinar hasta que un día, mi prima me dijo de hacer la magdalena como los muffins que hago normalmente con poca mantequilla. Sabio consejo que me ha traído siempre halagos por parte de mis comensales. Creo que hace la combinación perfecta para que así al bocado en el paladar se mezclen la magdalena no tan dulce con el frosting muy dulce.

Ya desvelado mi secreto que no es tan secreto paso a deciros los ingredientes y la preparación para 12 cupcakes de lima.

Para hacer la magdalena.

Ingredientes:

  • 75gr de mantequilla.
  • 300gr de harina de trigo.
  • 150gr de azúcar blanco.
  • 2 huevos talla “L”.
  • 1 cucharadita y media de levadura.
  • Ralladura de una lima.
  • Zumo de una lima.

Preparación:

Precalentamos el horno a 180º grados, si es con ventilador bajamos a 160º y ponemos las cápsulas en los moldes. Yo elegí unas amarillas para hacerlo bonito.

Rallamos una lima con el rallador que tengamos con la forma más pequeña. Es preferible porque arranca más piel y al ser más pequeña nos permite repartirla bien luego. La lima madura, que al tacto esté un poco blanda. Entré al gourmet de El Corte Inglés a comprarlas en una escapada a Alicante y salí con los dientes largos de todo lo que quería comprarme y no puede ser tanto.

Hacemos el zumo con la misma lima y reservamos el vaso.

Tamizamos la harina con la levadura en un bol y la reservamos.

En otro bol mezclamos el azúcar con la mantequilla con la batidora a velocidad media hasta que quede cremosa y bien integrada.

Añadimos los huevos, uno a uno, siempre batiendo hasta que esté todo de nuevo bien integrado.

Pasamos a la harina y como siempre. Añadimos la harina y el zumo por turnos. Un poco de uno, un poco del otro y tranquilamente esperamos a que se mezcle hasta que esté todo volcado.

Añadimos la lima rallada y la mezclamos con una espátula de madera haciendo círculos hacia arriba para que se oxigene la masa (un consejo de una tia).

Finalmente, repartimos la mezcla en las 12 cápsulas llenando 2/3. La masa queda más espesa de lo normal al no llevar leche, no os extrañéis.

Los horneamos de 20 a 22 minutos, dependiendo de nuestro horno. Ante la duda, hacemos la prueba del palillo y si sale seco es que están.

Las sacamos y las dejamos enfriar en una rejilla en sus moldes unos 5 minutos. Pasado el tiempo las sacamos de los moldes y las dejamos enfriar del todo.

Para hacer el frosting:

Ingredientes:

  • 250gr de queso mascarpone.
  • 180gr de azúcar glass.
  • Ralladura de una lima.

Preparación:

Rallamos la lima igual que para la magdalena y aún más con motivo debido a que luego tiene que pasar por la boquilla de la manga pastelera. Rallada pequeña. La reservamos.

Mezclamos en un bol el queso mascarpone frío y el azúcar glass hasta que quede una masa espesa. Tarda un poco. Bendita paciencia.

Por último, se añade la ralladura y se mezcla con una cuchara de madera hasta que se vea que el tono verde la lima está bien repartido. Queda un moteado verde muy bonito. Manga pastelera y montar. Siempre recomiendo boquillas grandes, es más fácil.

Como se puede ver es una receta muy fácil de preparar y no tan empachosa al no llevar buttercream. Para decorarlas no me calenté mucho la cabeza. Como creía que había pecado con la ralladura de lima, compré golosinas de color verde/amarillo para que les dieran ese tono cítrico de la fruta y me quedaron muy monas. Si queréis le podéis añadir un relleno. Por ejemplo, los podéis preparar con un relleno de crema de lima, maizena y más azúcar.. Pero yo no quería que fueran tan pesados y quería disfrutar más del rico mascarpone. A veces no hay que complicar las cosas.. a veces, menos es más. Eso sí, totalmente recomendable guardarlas en la nevera antes de servirlas, con un toque fresco están más sabrosas.

Así pues, puedo decir que gustaron en la merienda del domingo y lo puedo decir porque vi que el anfitrión se comió dos bien a gusto mientras charlábamos y nos reíamos sonando un vinilo de Chet Baker de fondo. Todo un lujo.

Crumble Orgullo Gay, otra perla de El Comidista

crumble orgullo gay

 

Los británicos son ciertamente contradictorios. Su tradición culinaria es escasa y poco variada (por más que se empeñen en defenderla); consumen comida de todos los rincones del mundo menos de la suya y parece que nunca tienen un minuto para sentarse a comer. Pero algo que cuidan con mimo y de lo que se sienten (y pueden sentirse) orgullosos es de su repostería: lemon meringue pie, plum cake, apple pie, trifle, carrot cake… la lista es interminable. Todos deliciosos e hipercalóricos, los dulces ingleses tienen una merecida fama mundial. Ah, no nos olvidemos del banana bread, del que yo hice una versión para inaugurar este blog.

Cuando vi la receta en el libro La cocina pop de El Comidista supe que más temprano que tarde sucumbiría a la tentación. Me encanta cómo quedan las manzanas cuando se hornean, su sabor cambia por completo y casa a la perfección con cualquier hidrato o grasa dulce. Además, el nombre que le puso el Comidista me hizo mucha gracia, realmente Ana Botella es una gran fuente de inspiración.

Vais a disculpar la presentación del postre: hice la foto corriendo en la propia fuente del horno, antes de que mis amigos se ventilasen el crumble.

Preparación (para 10 personas)

  • 6 manzanas Golden
  • 4 peras
  • 1 limón
  • Cuatro cucharadas soperas de azúcar
  • Dos cucharadas de maicena
  • 1 cucharadita de canela, jengibre y nuez moscada
  • Unos 150 ml de vinagre de Módena
  • 50 gr de azúcar moreno

Cobertura

  • 350 gr de harina
  • 200 gr de mantequilla muy fría
  • 150 gr de azúcar

 

Preparación

Comenzaremos preparando la reducción de vinagre de Módena. Lo pondremos a calentar con el azúcar en un cazo a fuego lento hasta que se forme una especie de jarabe. Hay que remover a menudo para que la mezcla no se pegue.

Cortar las peras y las manzanas a daditos pequeños y echar a un bol grande. Mezclar con el zumo de limón para que no se ennegrezcan. Añadir las especias y las cucharadas de azúcar y maicena. Remover.

Precalienta el horno a 190 grados. En un cuenco grande echa la harina. Corta la mantequilla muy fría en daditos y échala en la harina. Ahora la tienes que arenarla, esto es, desmigajar la mantequilla con la harina con la punta de los dedos hasta formar unas migas, como arena gruesa.

Pinta la base de una bandeja de horno alta con la reducción de vinagre. Añade la mezcla de frutas y recubre por encima con las migas que acabas de hacer. Mete al horno durante 45 o 50 minutos, hasta que esté dorado y la fruta burbujee.

Servir templado con nata montada, nata líquida o helado. Una opción interesante sería acompañarlo de helado de té matcha.

Trenza de queso y semillas de amapola

pan de queso y semillas de amapola

 

Media trenza para ser exactos. La trenza entera no cabía en un solo plato y hubo que partirla en dos. La hice este sábado para una comida que celebrábamos en casa de mis amigos Belén y Huertas. Está sacada -con ligeras variaciones- de uno de mis libros de cabecera: 365 recetas de pan, de Anne Sheasby (enlazo a una reseña del libro, hecha por un blog que sigo).

Este pan es bastante más fácil de hacer de lo que aparenta y es muy vistoso: las semillas de amapola le dan un aspecto pro con el que te cae el sambenito de panadera casi instantáneamente.

Ingredientes

  • 500 gr de harina de fuerza
  • 25 gr de levadura fresca
  • 35 gr de mantequilla cortada a dados y a temperatura ambiente
  • 1 pellizco de sal
  • Una cucharadita de mostaza en grano molida
  • ½ cucharadita de pimienta negra molina
  • Unos 250 ml de leche entera templada
  • 100 gr de queso rallado a tu elección: cheddar, parmesano, mozzarella
  • Semillas de amapola para decorar

 

Preparación

En un cuenco tamiza la harina y la sal. Añade la mantequilla y mézclala con las manos. Haz lo mismo con la levadura: desmigájala sobre la mezcla y remueve con las manos o con una cuchara de madera. Añade el queso y las especias. Practica un hueco en el centro y echa la cantidad suficiente de leche como para formar una textura homogénea y mezcla bien.

Vierte la mezcla sobre una superficie de trabajo limpia y espolvoreada de harina y trabaja la mezcla durante diez minutos, hasta que se convierta en una bola elástica y no se pegue a las manos. Mete la bola en un cuenco limpio untado de aceite, tápalo con un paño limpio y deja levar en un lugar cálido hasta que haya doblado su tamaño (una o dos horas).

Pasado ese tiempo, aplasta la bola sobre la superficie de trabajo y pártela con un cuchillo en tres trozos iguales. Amásalos hasta formar tres churros y pínzalos en un extremo. Haz una trenza con los tres cabos y al terminar, vuelve a pinzar con tus dedos al final de la trenza. Colócala en una bandeja de horno forrada de papel de hornear, tápala con un paño y déjala levar una media hora más. Precalienta el horno a 190 grados.

Pinta la trenza con leche y espolvorea semillas de amapola por encima. Mete al horno durante 35 o 40 minutos o hasta que el pan esté dorado. Saca y deja enfriar sobre una rejilla metálica.

 

Viaje extracorporal a Japón: helado de té matcha

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Oro verde. O eso podríamos deducir a juzgar por lo que cuesta. La chica de la tienda me lo tuvo que notar cuando pregunté por el precio de 40 gramos de té matcha especial repostería. Rondaban los diez euros: mi cara era una mezcla de asombro e indignación. Pese a todo, compré una bolsita, diciéndome a mi misma que iba a hacer grandes cosas con ella.

Y efectivamente, así fue. En una cena asiática que organizamos con amigos, nosotros hicimos los postres y decidimos que era una buena ocasión para utilizar el té. Diego hizo moshis de té matcha rellenos de chocolate. No guardamos recuerdos fotográficos de aquello porque era verdaderas pinstrositys: era mejor olvidar. Pese al aspecto, he de decir que estaban muy buenos.

Yo opté por hacer un helado de té matcha. Había que darle salida al té y a la heladera que nos habíamos comprado en Navidad y que solo habíamos utilizado una vez para crear una especie de témpano de hielo sabor a dátil. Bien, tenía que encontrar una receta que fuera de fiar, no quería pifiarla en la cena. Busqué en google y para mi sorpresa en el primer puesto estaba la receta de té matcha de un blog al que tengo en mucha estima: El Monstruo de las Galletas. Así que decidí no buscar más y fiarme de su criterio. El resultado fue muy bueno, el sabor era extremadamente delicado, te teletransportaba a Tokyo en un milisegundo y allí te quedabas mientras el suave helado se derretía en tu boca. Si no, que se lo pregunten a mi amigo José Aniorte, que entró en una especie de trance al probarlo.

Ingredientes

  • 20 gr de té matcha
  • 400 ml de leche entera
  • 400 ml de nata
  • 6 yemas de huevo
  • 250 gr de azúcar

Preparación

Mezclamos el té con 40 gr de azúcar y un par de cucharadas de leche hasta obtener una pasta. Ponemos el resto de leche a calentar y añadimos esta pasta mientras removemos con una cuchara de madera. Cuidado con que la leche no hierva, mantener a fuego medio.

Por otro lado mezclar las yemas con el resto del azúcar. Añadir esta mezcla a la leche y seguir removiendo  para que no se pegue. En cuanto dé un hervor, retiramos el cazo del fuego y dejamos templar.

Montamos la nata (no hace falta que esté muy montada, solo un poco) e incorporamos la mezcla del cazo (que ya estará fría) muy poco a poco, haciendo movimientos envolventes con la cuchara.

Metemos esta mezcla en la heladera y la ponemos a funcionar. Cuando acabe, colocar el helado en un tupper y meter en el congelador. El helado aguanta cremoso varias semanas en el congelador, lo difícil es que te resistas