Galletitas de ajedrez para la hora del té

galletas ajedrez

La historia de estas galletas de mantequilla es una historia de supervivencia. En la receta original (y en esta también) las cantidades figuran en mililitros. “Bueno, vendrán a ser más o menos lo mismo”. Primer error. Militros no equivalen a gramos. Empecé a echar harina y aquello parecía un cubo de arena. Por mucho que intentara arreglarlo, ya hice la receta totalmente desesperanzada.  Metí las galletas al horno y no se cocían. Pasaban los minutos que aparecían en le libro de recetas y aquello no se horneaba, estaban blandas. Así que apagué el horno. Segundo error.  A las galletas solo les faltaba tiempo. Así que volví a encender el horno y parece que al menos les dio tiempo a dorarse un poco. Como veis, por poco no acaban en la basura.

Por cierto, la receta original es de Fika, un libro de repostería de Ikea que tiene muchas piezas reproducibles y apetecibles, aunque no sea ni de lejos mi libro de dulces favorito.

 

Ingredientes

  • 200 gr de mantequilla
  • 100 ml de azúcar extrafino
  • 2 cucharaditas de azúcar de vainilla
  • 450-500 ml de harina
  • 4 cucharadas de cacao en polvo (tipo Valor)

 

Preparación

Mezcla todos los ingredientes menos el cacao. Trabájalos bien con una espátula o cuchara de madera hasta que quede una masa parecida a algo entre el cemento y  la arena mojada (toma símil).

galletas ajedrez

Divide la masa en dos trozos iguales. Coloca uno de ellos en un cuenco y añade el cacao. Remueve bien. Parte cada masa en dos mitades y amasa con el rodillo hasta que tengan un centímetro de grosor. En una de las masas aplanadas, Con un cuchillo afilado haz incisiones longitudinales de un centímetro de anchura, de manera que se se queden dedos alargados. Repite la operación con las otras tres.

Ahora toca montar la galleta. Coge un “dedo” de masa blanca y colócalo al lado de uno de masa de chocolate. Aprieta ligeramente entre ellos para que se peguen. Encima del dedo de masa blanca coloca uno de choco y encima del d e choco, uno de masa blanca. Aprieta entre ellos y hacia abajo. Repite la operación con todas las tiras o dedos y cuando acabes, envuélvelos en papel film y mételos en la nevera durante al menos una hora.

Precalienta el horno a 170 grados. Saca los trozos de masa, quítales el film y córtalos en lonchas de un centímetro de grosor, como si estuvieras cortando lomo embuchado. Coloca las galletitas en una bandeja de horno forrada de papel de hornear y hornéalas durante al menos veinte minutos (yo necesité más: media hora). Sabrás que están listas cuando estén doradas y  la superficie esté dura.

Buñuelos de puerro, aires de Israel

buñuelos de puerro

El verano viene a ser un agujero negro, en lo que a las rutinas se refiere. Todo lo absorbe con su calma chicha estival. Pasan los días y el pc se queda aparcado cogiendo polvo, los recados pueden esperar.  Cualquier intento de hacer cualquier tarea normal deviene una aventura pantagruélica. Diciéndome esto a mi misma no me siento tan culpable por no haber escrito ni un solo post en el último mes.

Este plato lo hice hace varias semanas, cuando aun cocinaba. La receta está extraída del libro de Yotam Ottolenghi, que por si no lo sabéis todavía, es un escándalo gastronómico con firma vegetariana. Este cocinero británico de origen israelí no es vegetariano, pero como él mismo asegura: “me gusta la carne y el pescado, pero puedo cocinar fácilmente sin estos ingredientes. Los calabacines marinados con vinagre de mi abuela o los higos rellenos de queso de oveja que solíamos comer antes de cenar son tan importantes y básicos en mi dieta como cualquier pieza de carne”. Sus raíces de Oriente Medio celebran un festín de aromas, sabores y texturas utilizando los vegetales, el huevo y queso como base.

Esta receta de buñuelos de puerro es ligera y sabrosa. Ottolenghi la elabora partiendo de recuerdos de su infancia, cuando los tomaba en su Israel natal, preparados por su tía Yona. Un plato rico, si se le añade un componente emocional, se torna en un plato fantástico. Nosotros no contamos con esos recuerdos infantiles, pero el plato nos chifla igualmente.  Funciona muy bien como aperitivo, acompañándola con una salsa de yogur o, si se desea un plato más consistente, una ensalada raita. A pelo también están magnificos.

Ingredientes

  • 3 puerros hermosos  y limpios
  • 5 chalotas picadas
  • 150 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 2 guindillas rojas secas picadas o un chile rojo fresco laminado
  • 20 gr de perejil fresco picado
  • Un manojito de cilantro molido
  • 1 cucharadita de comino molido
  • ¼ cucharadita de cúrcuma molida
  • ¼  cucharadita de canela en polvo
  • 1 cucharadita de azúcar
  • 1 cucharadita de sal
  • 1 huevo ecológico
  • La clara de un huevo ecológico
  • 120 gr de harina con levadura
  • 1 cucharada de levadura
  • 150 ml de leche entera
  • 55 gr de mantequilla derretida

Salsa

  • 200 gr de yogur griego
  • 1 diente de ajo machacado
  • El zumo de medio limón
  • Un poco de ralladura de limón
  • 1 cucharadita de azúcar
  • 1 pellizco de sal

Preparación

La elaboración de este plato en bien sencilla. Preparamos la salsa mezclando todos los ingredientes y reservamos en la nevera.

Cortamos los puerros en rodajas y sofreímos junto a las chalotas a fuego medio durante 15 minutos. Mezclamos con las especias, la guindilla, las hierbas, el azúcar y la sal y dejamos templar.

Batimos las claras a punto de nieve y mezclamos con la verdura. En otro bol, mezclamos la harina, la levadura, la mantequilla, el huevo y la leche y mezclamos hasta conseguir una mezcla homogénea. Incorporar la mezcla de verduras poco a poco y remover ligeramente con movimientos envolventes. Reservar.

Calentar un dedo de aceite en una sartén amplia. Cuando el aceite esté caliente, coger una cucharada colmada de la mezcla y verterla en la sartén. Repetir tres o cuatro veces. No es conveniente echar muchos buñuelos cada vez porque enfriaríamos el aceite. Cuando los cuatro buñuelos estén dorados por un lado, darles la vuelta y dorarlos por el otro. Repetir el proceso con toda la masa. Cuando los vayamos sacando, dejarlos reposar encima de una bandeja o plato forrado de papel de cocina, para que absorba el exceso de aceite.

Servir los buñuelos acompañados de la salsa.