Bizcocho integral de yogur

bizcocho yogur

 

Este es el bizcocho de toda la vida. Ese que con la misma medida del vasito de yogur medías la harina, el aceite y el azúcar. Solo que en lugar de harina blanca utilicé una mezcla a partes iguales de harina ecológica integral y harina de maíz. Me gustaría decir que fue porque quería que la maizena dotara a mi bizcocho de esponjosidad a la vez que la harina integral lo tornaba más sabroso, pero no fue por eso. Simplemente me quedé sin harina blanca y decidí utilizar esa mezcla porque era lo que había por casa en aquel momento. Pero la verdad es que conseguí justamente ese efecto.

La receta de bizcocho de yogur se prepara rapidísimo, no más de quince minutos, más horneado. Os animo a que sacrifiquéis un ratín por la noche para disfrutar de un desayuno que uhmmmmm.

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Ingredientes

  • 1 yogur de limón
  • 3 huevos
  • 100 gr de aceite de oliva
  • 230 gr de azúcar moreno
  • 120 gr de harina de maíz
  • 125 gr de harina integral
  • 1 sobre de levadura

1 molde para bizcocho

 

Preparación

Sencillo, sencillísimo.

Precalentamos el horno a 180 grados.

Mezclamos en un cuenco los huevos con el azúcar hasta que la mezcla esté espumosa. Añade el yogur, las dos harinas, el aceite y la levadura y remueve hasta que todos los ingredientes estén incorporados.

Vierte la mezcla en el molde previamente forrado de papel de hornear.  Hornea durante una media hora o hasta que la masa haya subido y esté dorada.

 

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Chucrut a mi estilo (inventado)

chucrut

No me gusta la col. No entiendo cómo esa verdura insulsa, con ese olorcillo a cloaca, se ha podido colar en las cocinas de todo el mundo. Pero, curiosamente, hay recetas en las que no solo la tolero, sino que me encanta: cuando se incluye en algún guiso oriental o por ejemplo en chucrut (siempre que vaya acompañado de una buena cerveza, claro está).

Hoy me he decidido a hacer chucrut, ese potingue centroeuropeo de col y vinagre. Toma ya. A mi estilo, que seguro que no tiene nada que ver con el chucrut tradicional alsaciano o polaco; pero al que le he añadido ingredientes que me sonaba que llevaban o que consideraba que le pegaban bien. Es sencillo de hacer, solo hay que rehogar y rehogar y rehogar a fuego lento. Imprescindible: que vaya acompañado de un buen filetazo o unas salchichas alemanas de calidad. Y –por Dior- una cerveza alemana bien fresquita.

Ingredientes

Para 4 personas (como acompañamiento)

  • Media col hermosa
  • 1 zanahoria
  • 1 cebolla
  • 4 hojas de laurel
  • 8 clavos
  • Sal y pimienta recién molida
  • Aceite
  • Vino blanco para cocinar (unos 500 ml)
  • 30 ml de vinagre de vino
  • 2 cucharadas de azúcar

Preparación

En una olla grande  poner un dedo de aceite, el laurel y el clavo. Trocear la cebolla y comenzar a rehogar lentamente. Acto seguido, añadir la zanahoria troceada o rallada. Salpimentar. Trocear la col, lavar, escurrir y añadir a la olla. Verter el vino, el vinagre y el azúcar. Remover a fuego medio durante muuucho tiempo (yo estuve una hora y casi y media). Cuando lo apagues, la mezcla se tiene que haber reducido a la mitad y las hojas de col tienen que estar muy blanditas.

Servir templado.

Pan de Iban Yarza

pan

La elaboración del pan tiene algo de ancestral que me fascina. Es un proceso que ha acompañado al ser humano desde sus albores y cada cultura tiene su forma de concebirlo, amasarlo, hornearlo. Varían los sabores, las texturas y los tamaños; algunos llevan levadura otros no; unos panes se hacen al horno de leña, otros en sartén o cazo, pero todos encierran en ellos el secreto de nuestros inicios. No quiero ponerme paleo-esotérica pero hacer pan me parece algo casi mágico, como un ritual que de tanto repetirlo, milenio tras milenio, ha adquirido poderes sobrenaturales. Por eso me fastidia enormemente cuando en las grandes superficies la gente compra esos trozos de masa pre-congelada y horneada , insípida y sin textura, que se hace llamar pan. Pero eso es otra historia.

Hace unos días me pedí como auto-regalo de Reyes el libro de Iban Yarza “Pan Casero”. Iban es un panadero auto-didacta, nadie le enseñó su arte. Poco a poco fue aprendiendo a escuchar al pan, a sentirlo como un ser vivo, a experimentar con  la masa madre. Me gustó su manera de entender el pan, que creo que en cierto modo es una manera de entender la vida.

Gracias a él, la masa madre ya no es un ente propiedad de hippys y fanáticos, sino un elemento fácil de preparar (aunque yo no lo he probado) que dota al pan de un gran sabor y aroma y que se ha utilizado toda la vida en todos los obradores del mundo. Como digo, aun no me he lanzado a hacer masa madre; mientras lo hago, os dejo una receta de un pan casero que no requiere de masa madre y que está buenísimo. El único requisito es ser previsor y empezar el día antes.

Ingredientes

  • 500 gr de harina
  • 330 gr de agua
  • 10 gr de sal
  • 5 gr de levadura fresca
  • Semillas de amapola para decorar

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Preparación

Disuelve la levadura en el agua tibia. Añade el resto de ingredientes y remueve hasta obtener una masa pegajosa. No hace falta que amases (de hecho, Iban llama a esta receta “Pan sencillo sin amasado”). Espera cinco minutos y dobla la masa sobre sí misma. Pon la masa en un táper y métela a la nevera.

Al día siguiente, saca la masa de la nevera. Deberá haber ganado volumen, si no es así, déjala a temperatura ambiente un rato. Vuelca la masa en una superficie limpia y enharinada y forma delicadamente un rectángulo. Corta en dos mitades alargadas.

Ahora toca decorarlas.  Sitúa las barras en una bandeja de horno forrada de papel de hornear espolvoreado de harina. Pinta con agua las dos caras de arriba de los dos panes y espolvoréalas con semillas.  Retuerce las barras suavemente, hasta darles forma helicoidal.

Déjalas levar un par de horas.

Precalienta el horno a 250 grados. Cuando esté bien caliente, mete la bandeja y crea un golpe de vapor tirando un vaso de agua en la bandeja inferior (no en la que sostiene las barras, ¿eh?). Así la corteza quedará crujiente. A los diez minutos baja la temperatura a 220 grados y continúa horneando veinticinco minutos más.

Apaga el horno, saca el horno y deja templar para poder apreciar todo el sabor.

Cake pops salados de sobrasada y queso

cake pops

Que los regalos de empresa suelen ser inútiles y despersonalizados lo saben hasta los bonobos. Por eso, podéis imaginar mi cara de sorpresa cuando mis compañeros y jefes me regalaron una estupenda máquina de hacer Cake Pops. No es que estos dulces sean mis preferidos, pero me conmovió profundamente que se hubieran tomado la molestia de investigar mis gustos y me regalaran algo con la intención de que me gustara y fuera útil.

Como digo, los cake pops no es que me entusiasmen demasiado, me parecen primos hermanos de los empalagosos y cursis cupcakes. Pero la forma esférica de los moldes me dio mil ideas para hornear masas perfectamente redondas, ya las iré plasmando en el blog 🙂

La primera receta que se me vino a la mente fue ésta, Cake pops salados de sobrasada y queso. Los cake pops me recordaron a un pequeño barecillo al que solíamos ir en Valencia. Se llamaba “Al pan, queso” y hacían unos panecillos de queso y harina de yuca que estaban sencillamente deliciosos. Se abrían por la mitad, muy calientes, y se untaban de queso crema y el relleno de tu gusto: jamón, queso curado, salmón y –cómo no-sobrasada. Era nuestro lugar favorito, por lo sabrosos que eran los panecillos y lo barato que era el sitio. Quise hacer algo parecido e intenté hacer una masa salada. No quedaron mal pero quizás la textura quedó un poco similar al bizcocho, la próxima vez probaré a no añadirle huevo y usaré levadura fresca.

Ah, por cierto, son cake pops sin palo. Le hubiera puesto palo si hubiera sabido rellenarlos sin tener que cortarlos, pero no tengo ninguna jeringa de esas tan chulas para rellenar.

 

Ingredientes

Para 4 personas

  • 50 ml de aceite de oliva virgen
  • 100 gr de queso curado
  • 150 gr de harina
  • 3 cucharaditas de levadura química
  • 1 huevo
  • 100 ml de leche
  • Un pellizco de sal
  • Un poco de pimienta negra recién molida
  • Sobrasada de buena calidad

Una máquina de hacer cake pops

 

Preparación

Pinta los moldes de la máquina de cake pops con aceite de oliva o girasol y un pincel. Enciende la máquina para que vaya calentándose.

En un cuenco, mezcla los ingredientes secos: harina, sal, pimienta y levadura. En otro, bate el huevo, añade el aceite y la sal. Une las dos mezclas en una sola e incorpora el queso rallado. Remueve. Ya tienes la masa de los cake pops.

Llena los moldes de la máquina con una cuchara y cierra la máquina. La masa se hinchará hasta adquirir la característica forma redondeada. Hornéalos durante unos diez minutos. Imagino que dependerá de la máquina, pero en mi caso se doraba más la mitad de debajo de los cake pops que la de arriba. Para evitar esto haz lo siguiente. Cuando lleven siete minutos, abre con cuidado la tapa y con un tenedor gira las bolas para que se doren uniformemente.

Repite la operación hasta que acabes con toda la masa. Deja enfriar ligeramente las bolitas. Cuando se hayan enfriado un poco, ábrelos por la mitad y rellénalos de sobrasada al gusto.