Galletas de choco y nueces de Macadamia

2014-05-25 20.34.59

Fáciles de hacer y deliciosas. La delicadeza de las nueces de Macadamia le otorga un sabor especial y el chocolate le da un contrapunto más mundano, pero que nunca falla. Son ideales para una merienda o para acompañar el café en el desayuno.

Son aún más epatantes si troceas las nueces y el chocolate a mano. Yo lo hice con un robot de cocina y quedaron demasiado finas, no había contrastes de texturas y el sabor se aprecia de manera demasiado homogénea. Hazme caso: ganan el doble si coges un cuchillo y troceas ambos elementos.

Ingredientes

30 unidades

  • 250 gr de mantequilla a temperatura ambiente
  • 200 gr de azúcar moreno
  • 2 huevos
  • 400 gr de harina
  • ½ cucharadita de esencia de vainilla
  • ½ cucharadita de sal
  • ½ cucharadita de levadura en polvo
  • 100 gr de chocolate con leche picado
  • 100 gr de nueces de macadamia

Preparación

En un cuenco vertemos la mantequilla, la vainilla y el azúcar. Mezclamos hasta que blanquee y añadimos los huevos y seguimos removiendo. Ahora le toca el turno de los elementos secos: harina, levadura y sal. Removemos bien hasta que quede homogéneo y por último incorporamos las nueces de macadamia y el chocolate, removiendo también.

Dividimos la masa en dos y con cada montoncito hacemos un rulo de unos 3 cm de grosor. Lo envolvemos en papel film y refrigeramos dos horas.

Precalentamos el horno a 170 grados.

Forramos dos bandejas con papel de hornear. Sacamos los rulos de la nevera, retiramos el film y con un cuchillo afilado cortamos en discos. Los colocamos sobre el papel y horneamos durante 10 o 15 minutos, hasta que estén doradas.

Dejamos enfriar sobre una rejilla.

 

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Solomillo Wellington

la foto (1)

Weeeeellingon… weeeeellington. Su nombre llevaba varios meses resonando en mi cabeza, como una institutriz estirada de la época victoriana llamando a su pupilo. No recuerdo cómo lo descubrí, pero me cautivó desde el primer instante, ese rollo de hojaldre crujiente y sabroso con una maravillosa sorpresa de solomillo tierno y entre medias la fabulosa salsa Duxelles, un sofrito de champiñones, chalotas, mostaza  y paté. La verdad es que los ingleses tienes cuatro cosas contadas en su gastronomía, pero las cuatro que tienen son riquísimas.

Esta receta de solomillaco Wellington es perfecta para lo que llamamos en el argot cotidiano una comilona en familia. Es potente y reúne dos pilares básicos de nuestra alimentación: carnaza, verduras, pan (hojaldre)  y patatas. Así mamá se quedará tranquila.

Para culminar el atracón con algo dulce recomendamos un crumble, otro habitual de las mesas anglosajonas, como por ejemplo este Crumble del Orgullo Gay.

Ingredientes

Para cinco personas

  • 1 solomillo de ternera alargado (1kg)
  • Hojaldre cuadrado (compra un par de paquetes, unos 500 gr, por si acaso)
  • Sal y pimienta recién molida
  • 5 chalotas
  • 400 gr de champiñones
  • 1 lata de paté o de Foie gras
  • 3 cucharadas de mostaza de Dijon
  • Aceite de oliva virgen extra
  • 1 huevo

 

Preparación

Empieza por preparar la carne. Si el carnicero no te ha quitado la grasa, hazlo tú. Perfecciona la figura alargada del solomillo. Si te sobran trozos, no te preocupes, luego puedes montarlo como un rompecabezas y no se nota gracias al hojaldre.

Salpimenta la carne y márcala en una sartén caliente con un poco de aceite durante algunos minutos, por todos los lados. Hazlo a fuego vivo y solo hasta que esté ligeramente dorado, durante muy poco tiempo, para que el interior quede semicrudo y tierno. Aparta la carne y deja templar.

Precalentamos el horno a 200 grados

Ahora preparamos la salsa Duxelles. Picamos las chalotas muy finas. Yo utilicé un accesorio de la minipímer que tritura porque queda una textura muy fina. Ponlas a sofreír suavemente durante cinco minutos. Mientras, picamos los champiñones y los añadimos. Sofreímos durante diez minutos más. Apagamos, dejamos templar y mezclamos con el paté.

Pintamos el solomillo con la mostaza.

Montamos el solomillo. Extiende la masa cuadrada y unta una fina capa de la salsa, dejando libres los bordes del rectángulo más largos (de otra manera, desbordaría). Coloca de manera paralela la pieza de solomillo. Si falta solomillo y te sobran trozos, colócalos a continuación, siguiendo la forma de rulo del solomillo. Comienza a enrollarlo, con cuidado. Cuando acabes, sella las juntas y colócalo en una bandeja de horno preparada con papel de horno.

Hornea durante veinte minutos y deja reposar otros diez minutos. Yo me pasé de tiempo y se me quemó un poco por arriba. Acompáñalo de patatas asadas y guisantes, para una comida típicamente británica.

 

Cheesecake de Oreo

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Si te declaras fan incondicional de esta pequeña cookie americana, entonces te encantará este postre. Es como una galleta Oreo, pero gigantona. Base de Oreo, topping de Oreo y crujientes Oreo en el interior. Oreo, Oreo, Oreo. A mi no me matan las galletas en sí, pero me encantan cómo funcionan como base de tarta. Prueba de ello es esta Tarta de plátano y queso con base de Oreo que hice hace ya bastante tiempo y que me rechifla

Esta receta fue el postre de la cena que sorteé hace un par de semanas.  Por si os pica la curiosidad, de entrantes hice un bonito teriyaki con espárragos y unas empanadillas chinas a la plancha. De ninguno conservo material gráfico digno, por lo que no creo que haga un post al respecto. De plato fuerte me atreví con estos Vermicelli de berenjena y mango, un plato que aunque parece osado, siempre triunfa.

Ingredientes

  • 800 gr de queso crema
  • 200 ml de nata para montar
  • 100 ml de leche entera
  • 150 gr de azúcar
  • El zumo de ½ limón
  • 8 hojas de gelatina neutra
  • 50 galletas Oreo + unas 10 para decorar
  • 80 gr de mantequilla derretida

Un molde desmontable para tartas de unos 25 cm de diámetro

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Preparación

En un poco de agua fría, pon a remojo las hojas de gelatina para que se hidraten.

Con una trituradora machaca las cincuenta oreo. Reserva un poco. El resto mézclalo con la mantequilla hasta que parezca arenilla. Viértelo en la base del molde y aplástalo contra la base. Refrigera para que la base se endurezca.

Calienta la leche hasta que empiece a hervir. Justo en ese momento apaga el cazo, escurre bien las hojas de gelatina y mezcla con la leche hasta que se disuelva. Añade el azúcar, el limón y el queso crema, todo poco a poco, hasta que quede bien integrado.

Bate la nata hasta que esté bien montada y ve integrándola en la masa suavemente, con movimientos envolventes y con cuidado de no batir. Saca la base de la nevera y vierte la mitad de la masa por encima. Aplana con una espátula y echa por encima varias galletas. Vierte la otra mitad y vuelve a aplanar. Refrigera durante toda la noche. En el momento de servir, espolvorea la pequeña ración de oreo machacadas que habías reservado y desmolda la tarta.