Mini-suflés de Halloween

suflé de halloween

 

A punto estuvieron de ser pinstruositys. Habían quedado demasiado acuosos por dentro, la textura soufflé solo existía en la epidermis del plato. El interior, pese a que estaba muy bueno, apenas llegaba a la categoría de mousse. Sin embargo, en el último momento, decidí salvarlo. El sabor era excepcional y pensé que habría sido injusto desecharlo solo porque no acerté al 100% con la textura. Además, creo que tengo identificado el error: hice los suflés en unas ollitas individuales muy hondas. Si lo hubiera hecho en cuencos aptos para horno, seguro que habría cuajado completamente.

Estos mini-suflés tienen una base de calabaza y queso, con un punto picante. La sorpresa viene de la mano de las avellanas, que le dan un sabor a fruto seco maravilloso. Quedan extremadamente ligeros y son ideales como primer plato en una cena temática de Halloween. Bú.

Por cierto, están sacados del increíble libro de Yotam Ottolenghi, El Gourmet Vegetariano.

 

Ingredientes

Para 4 personas

  • 450 gr de calabaza pelada y troceada
  • 1 cucharadita de azúcar moreno
  • 40 gr de avellanas
  • 25 gr de mantequilla derretida para untar
  • 25 gr de mantequilla (para el plato)
  • 25 gr de harina
  • 250 ml de leche entera
  • 2 yemas de huevo
  • 3 claras de huevo
  • ¼ de cuchararadita de chile en escamas o en polvo
  • 70 gr de queso de cabra desmenuzado

Moldes individuales aptos para hornear

 

Preparación

Precalentar el horno a 180 grados.

En una bandeja de horno colocar los trozos de calabaza, rociarlos con el azúcar, la sal y un chorrito de aceite y hornearlos durante 45 minutos o hasta que esté dorados. Dejar enfriar y triturar la pulpa.

No apagues el horno ya que lo necesitarás caliente para los suflés. Subimos la temperatura a 200 grados.

Triturar las avellanas con un robot. Untar los moldes con mantequilla y espolvorear con las avellanas. Reservar el resto de las avellanas.

Ahora toca preparar la masa de los suflés y empezaremos haciendo una bechamel. En un cazo, derretir los 25 gr de mantequilla a fuego medio. Añadimos la harina y la sofreímos durante un minuto. Añadimos lentamente la leche, removiendo constantemente con una cuchara de madera hasta que espese. Apagar el fuego.

En un cuenco grande mezclamos el puré de calabaza, el queso, la sal, las avellanas, el chile y las yemas. Añadir la bechamel. En otro cuenco aparte, montamos las claras a punto de nieve. Vamos incorporando las claras montadas poco a poco a la preparación anterior, procurando que quede aireada.

Llenamos los moldes dejando un centímetro libre por la parte superior. Metemos al horno y horneamos durante unos veinte minutos o hasta que los suflés hayan subido y se hayan dorado. Sacar del horno y consumir inmediatamente.

 

¿Quieres probar otras recetas con calabaza? Prueba con esta tarta de calabaza como postre

Bienvenida al Otoño: Tarta de calabaza

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Llevo varias semanas sintiéndome como una niña en la víspera de Navidad: entramos en  una estación que me encanta. Ah, el Otoño… Por fin dejamos atrás el calor asfixiante y dejamos paso a noches frescas y días soleados (al menos en el Levante es así). También coincide con mi cumpleaños y por si fuera poco es la estación donde algunas verduras que me pirran hacen acto de presencia: alcachofas, espinacas, calabacines, setas y, como no, calabazas. Este fruto de color anaranjado no es que sea de mis vegetales favoritos pero ejerce una extraña fascinación en mí. Y no es por Halloween. Tan grande, con ese color tan potente, y que adquiere formas de lo más caprichosas, es una verdura curiosa. Curiosa y repostera. Con ese sabor dulzón y terroso parece nacida para ser postre. Y qué postre más emblemático que la americana tarta de calabaza, pensé. Así que, con motivo de otra reunión de amigos, hice el viernes pasado una tarta naranja en honor a la tradicional pumkin pie, tan típica del Día de Acción de Gracias.

La receta tradicional lleva una masa llamada “fondo de tarta” realizada con agua, harina y poco más. También se usa hojaldre. Yo he optado por una base de galletas digestive, como la de la tarta de lima, me parecía más sabroso y divertido.

Se puede hacer con puré de calabaza de bote o hecho en casa. Yo lo hice casero. No se tarda nada y el sabor seguro que no tiene comparación.

 

Ingredientes

  • 2 huevos
  • 550 gr de puré de calabaza
  • 240 ml de leche evaporada
  • 180 gr de azúcar
  • 1 cucharadita de sal
  • 1 cucharadita de canela molida
  • ½ cucharadita de jengibre molido
  • ½ cucharadita de clavo molido
  • ¼ cucharadita de nuez moscada
  • 1 cucharada colmada de maizena

Base

  • 400 gr de galletas tipo digestive
  • 150 gr de mantequilla a temperatura ambiente

Cobertura

  • 300 ml de nata líquida para montar
  • Almendra picada para decorar

Una tartera desmoldable grande

 

Preparación

Precalienta el horno a 170 grados

Si no has hecho ya el puré, ahora es el momento. Pela la calabaza y córtala a trozos. Métela en una cacerola, cúbrela con agua y hierve durante 20 minutos. Cuando esté tierna, apaga el fuego, escurre los trozos y tritúralos. Deja templar.

Le toca el turno a la base. Tritura las galletas y mézclalas con la mantequilla hasta obtener una textura arenosa. Echa esta masa en la tartera y aplasta contra el fondo. Para todo este proceso, lo mejor es utilizar las manos. Una vez hecho, hornéalo durante quince minutos, saca y deja templar. Así la base se endurecerá y no subirán migas a la superficie cuando echemos la masa.

En un cuenco grande añade el puré, las especias, la sal, el azúcar, los huevos, la leche y la maicena. Remueve bien. Puedes utilizar la batidora. Viértelo con cuidado sobre la base de galleta. Mete la tartera al horno y hornea durante 30 o 40 minutos. No importa si cuando la saques está un poco temblorosa: cuajará si la dejas reposar y cuando enfríe la metes al frigo. Es mejor que la tarta esté refrigerada varias horas, preferiblemente toda la noche.

Antes de servirla, monta la nata y extiéndela con suavidad sobre la tartera. Espolvorea la almendra por encima. A mi me es más cómodo desmoldar la tarta justo en este momento, así la nata no se derrama por los lados. Una vez desmoldada, cortar y servir.

Variante:  Me quedé con las ganas de incluir en la nata montada una tarrina de queso crema. Tengo la impresión de que una cobertura ligera de queso crema le tiene que venir que ni pintada a esta tarta. Si lo hacéis, ¡contadme cómo os ha ido!