Pizza de rúcula y jamón serrano

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No se me ocurre mejor plan para un domingo que un concurso de pizzas. Óscar y Silvia también lo pensaron así y organizaron un super-certamen pizzeril en su hogar el pasado domingo. Y ahí nos plantamos todos, cada par con su creación, lista para recibir el último golpe de horno y ser devorada por los comensales-participantes-jurado.

Me inspiré (por no decir plagié) en la pizza homónima del restaurante L’Antica Pompei, a mi juicio el mejor italiano al que he ido en España. Esta acogedora trattoria está regentada por auténticos pompeyanos, establecidos en Elche desde hace muchos años. Sus creaciones son auténticos delirios de placer para las papilas gustativas y no porque sean platos elaborados. En absoluto. Simplemente utilizan productos frescos y de mucha calidad.

A lo que iba. Plagié la pizza. Y gané el primer premio. Si alguno de mis amigos está leyendo esto sabrá que merezco que me quiten el galardón. Por copiona.

La gracia de esta pizza de rúcula y jamón serrano reside en el contraste entre lo horneado y lo crudo. El jamón y la rúcula se echan por encima una vez se ha horneado la pizza. El resultado recuerda vagamente a una ensalada encima de una pizza, lo cual contraviene una de las normas del Hit Parade del Comidista y sus 17 cosas que NO deberías echarle a tu pizza. Pero por una vez en mi vida, estoy en desacuerdo con mi gastro-bloguero favorito: esta pizza está de muerte.

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Arriba, Vera, Diego y yo ostentando el primer premio

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Para la masa

  • 300 gr de harina
  • 200 gr de agua templada
  • 1 pellizco de sal
  • Un chorrito de aceite
  • 20 gr de levadura fresca

Para encima

  • 4 lonchas de jamón serrano ¡del bueno!
  • 2 tomates maduros
  • Otro chorrito de aceite
  • Orégano
  • Sal
  • Dos puñados de rúcula
  • 1 paquete de mozzarella rallada para pizzas (200 gr)
  • 80 gr de parmesano en lascas

 

Preparación

Comenzamos por la masa. En un cuenco echamos la harina, la levadura desmenuzada, el aceite y la sal. Vertemos poco a poco el agua a la vez que removemos hasta obtener una masa pegajosa.  Colocamos la masa en una superficie limpia, seca y espolvoreada con harina y empezamos a trabajarla. Realizamos pliegues sobre la masa con los talones de las manos, masajeando y volviendo a doblar la masa con mucha paciencia (porque al principio se pegará en las manos). Poco a poco, gracias al trabajo, la bola se irá haciendo suave y elástica. Al cabo de diez o quince minutos de trabajo, metemos la bola en un cuenco y tapamos con un paño limpio. Dejamos levar durante una hora.

Aplastamos la masa sobre la superficie nuevamente enharinada. Con un rodillo la estiramos hacia todas direcciones hasta que mida unos cinco milímetros. Rectificamos con un cuchillo para que quede circular (o en forma de corazón, estrella, cuadrado). Dejamos levar unos veinte minutos. Aplastamos la zona  centro con las manos, dejando los bordes levados.

Precalentamos el horno a 200 grados.

En el centro echamos un chorrito de aceite, el tomate troceado, el orégano, un poco de sal, el parmesano y por último la mozzarella. Horneamos unos treinta minutos o hasta que esté dorada. Aún caliente, colocamos por encima la rúcula y el jamón.

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Pizza rápida de espinacas y queso de cabra

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Esta receta de pizza se me antoja perfecta para una ocasión muy concreta: cuando una resaca demencial te empuja a comer hidratos de carbono y grasa cual poseso pero una vocecilla dentro de ti te grita que te controles una miaja. No es demasiado grasa, tiene mucha verdura y es fina: ideal para tener la impresión de comer comida guarraza aunque en realidad no te estés portando tan mal.

Puedes alterar los ingredientes a tu antojo: añadirle cebolla, anchoas, aceitunas negras, pimiento… ¡siempre funciona! Acompáñala con una ensalada verde y una buena peli para ver en el sofá.

 

Ingredientes

  • 1 masa refrigerada fina
  • 4 champiñones
  • 1 par de puñados de espinacas
  • Mozzarella rallada
  • 2 rodajas de queso de cabra
  • 4 tomate secos
  • Aceite
  • Orégano

 

Preparación

Precalienta el horno a 180 grados.

Lamina los champiñones. Corta los tomates secos en juliana (a tiritas). Trocea las espinacas. Extiende la masa encima de papel de hornear (normalmente vienen envueltas en ese papel). Echa un chorro de aceite por encima. Ve colocando la verdura geoestratégicamente: primero los champis, luego los tomates. Haz un parón y desmigaja el queso de cabra por toda la pizza. Sigue añadiendo las espinacas. Finaliza espolvoreando la mozzarella y añadiendo un poco de orégano.

Hornea durante veinticinco minutos o hasta que la pizza esté dorada.

 

 

 

 

 

Risotto de cordero y champiñones

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Seguimos con recetas de inspiración italiana. El risotto es un plato de por sí contundente, aunque lo hagas solamente de verdura: la mantequilla, el caldo y sobre todo el almidón que va soltando el arroz hacen de ésta una comida regia. Si además rizamos el rizo añadiéndole cordero, el rey de las carnes potentes, pues apaga y vámonos (a echarnos una siesta). Y justo eso es lo que recomiendo tras esta comida, que tendrá que estar regada por un buen vino tinto: una siesta de esas de pijama y orinal.

Este plato principal tuvo un previo ligero: una ensalada caprese con tapenade. Y estuvo acompañado de una focaccia de tomates secos. No se necesita más. Si buscas un postre acorde al menú, quizás quieras preparar un tiramisú de té matcha o una pannacotta de chocolate blanco. Aunque lo más probable es que quieras sal de frutas.

Ingredientes

Para cuatro personas con hambre

  • 1 puerro grande
  • 1 bandeja de champiñones enteros
  • Unos diez puñados de arroz
  • 1 litro de caldo de verduras o de pollo
  • Unos 300 ml de vino blanco
  • 500 gr de cordero deshuesado y cortado en tiras cortas
  • Sal y pimienta recién molida
  • Parmesano para rallar
  • Mantequilla

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Preparación

Comenzamos por  saltear brevemente el  cordero en una olla con tapa. Añadir un poco de sal. Apenas necesitará aceite, ya que se trata de una carne muy potente que desprende mucha grasa. Cuando empiece a estar dorado, lo retiramos del fuego y lo vamos colocando sobre un plato.

Ahora toca trocear finamente el puerro.  Lo colocamos en la olla (que tendrá el aceite sobrante del cordero) y lo comenzamos a rehogar a fuego muy lento durante al menos quince minutos. Cuando empiece a ponerse blando y transparente añadimos los champiñones previamente lavados y troceados finamente. Rehogamos a fuego medio durante diez minutos más y añadimos el cordero.

Acto seguido añadimos el arroz y dos cucharadas colmadas de mantequilla. Removemos durante tres o cuatro minutos y vertemos el vino blanco. Removemos uno o dos minutos más y cubrimos con agua. A partir de este momento hay que ser cuidadoso: es fácil que el arroz se nos pegue a la base de la olla. Para evitarlo hay que remover constantemente con una cuchara de palo.

Tras unos quince o veinte minutos de santa paciencia removiendo, el arroz se habrá tornado meloso pero aun así estará entero (parece una contradicción, pero es así). Es el momento de servirlo. Probarlo, rectificar de sal y espolvorear pimienta recién molida. Repartir en cuatro (o más) platos y servir con el parmesano recién rallado en un recipiente aparte, para que los comensales puedan servirse a su gusto.

Este plato se tiene que comer caliente. Realmente un risotto no vale nada si está templado o frío.

Focaccia de tomates secos

focaccia

Es una focaccia. De tomates secos. Las he hecho de aceitunas, de aceitunas y tomate y sin nada. Pero ésta es de tomates secos. No hay mucho más que decir 🙂 Para los profanos puedo aclarar que la focaccia es un plan plano típico de la Liguria italiana, al noroeste de Italia.

Ingredientes

  • 450 gr de harina
  • 25 gr de levadura fresca
  • Una cucharadita de sal
  • 50 gr de tomates secos
  • Aceite de oliva virgen extra
  • 250 ml de agua templada

Para decorar:

  • Sal Maldon
  • Romero natural seco

focaccia

Preparación

Colocar los tomates cortados a trocitos en un cuenco y dejar a remojo en aceite de oliva virgen durante quince minutos para que se empapen bien y queden jugosos.

En un cuenco grande tamizar la harina y añadir la sal. Desmenuzar la levadura y mezclar. Añadir el tomate ligeramente escurrido y mezclar. Practicar un hueco en el centro y añadir cuatro cucharadas colmadas de aceite. Removemos. Volver a practicar un hueco e ir añadiendo el agua a medida que removemos. Mezclar hasta obtener una masa pegajosa.

Espolvorear harina en una superficie limpia. Volcar la masa y amasar durante al menos quince minutos, trabajando bien la masa, hasta obtener una bola elástica y que no se pegue en las manos. Mete esta bola en un cuenco untado con aceite, tapa con un trapo limpio y deja levar durante una hora y medio o hasta que haya doblado su tamaño.

Una vez levada la masa, coge la bola y aplástala en forma rectangular sobre una bandeja de horno espolvoreada de harina. Puedes colocar papel de horno encima de la bandeja  y espolvorear la harina sobre el papel, así ensuciarás menos la bandeja. Cuando la aplastes la masa asegúrate de que toda ella mide unos 2 cm de altura. Tapa de nuevo y deja levar una media hora. Mientras, pon el horno a precalentar a 200 grados.

Destapa la masa y con el pulgar practica agujeros por toda ella. Mójate la mano con agua y espolvorea unas gotitas de agua por la superficie. A continuación, rocíala con aceite y espolvorea sal Maldon y romero. Hornea aproximadamente veinticinco minutos o hasta que la focaccia esté dorada.

Saca del horno y deja enfriar sobre una rejilla.