Maki sushi express de salmón

sushi

Lo he llamado express porque lo hice en dos patadas. Y salió rico-rico. Años de posponer hacer sushi porque –oh, Dios mio- era suuuper difícil, que si la técnica demoníaco-purista del corte, que si el arroz debe perder todo el almidón tras enjuagarlo doce veces, que si al enrollarlo parecerá más un canuto  que otra cosa… En fin, que me vi forzada a hacerlo porque el alga nori me iba a caducar y la cosa superó mis expectativas a más no poder.

Dos curiosidades sobre el sushi antes de vomitar la receta. La primera, que se debe coger con las manos. Los japoneses no utilizan los palillos, cogen en trozo en cuestión (ya sea maki, sashimi o sushi), lo sumergen en salsa de soja y p’adentro. La segunda es que se debe tomar a 36 grados, la temperatura del cuerpo humano. De ahí la inefable imagen de hombres de negocio (asiáticos y occidentales) poniéndose hasta las trancas de sushi encima de una señorita despelotada.

Ingredientes

  • Unos 200 gr de arroz bomba
  • 2 filetes hermosos de salmón, limpios y sin espinas
  • 2 láminas de alga nori
  • Vinagre de arroz

Para acompañar

  • Wasabi
  • Salsa de soja

Una esterilla de bambú

Un cuchillo afilado

Preparación

Para la correcta preparación del sushi es preciso lavar varias veces el arroz, así le quitamos el almidón. Metemos el arroz en un cuenco y lo cubrimos con agua fría. Frotamos con vigor los granos entre sí para que suelten el almidón. Cuando el agua se vuelva blanquecina, enjuagar el arroz. Repetir el proceso cuatro o cinco veces. A la quinta, cubrir el arroz con agua fría y dejar reposar veinte minutos.

Al cabo de este tiempo hervimos quince minutos hasta que el arroz esté en su punto (no debe quedar ni muy blando ni muy al dente). Enjuagamos, añadimos unas gotas de vinagre de arroz y reservamos. Colocamos los lomos de salmón limpios de espinas, piel y escamas en una tabla de cortar. Atención: el sushi es sushi solo si la calidad del pescado es excelente. Con un cuchillo afilado realizamos cortes longitudinales, como dedos largos de un centímetro de anchura.

sushi

Encima de una esterilla colocamos una hoja de alga nori. Extendemos por encima una capa muy fina de arroz. Lo suficientemente fina como para cubrir la hoja (no te pases o harás sushi-zurullos).  El arroz tiene que llegar hasta las tres cuartas partes del alga, no cubrirla por completo. Ahora coloca una tira de salmón longitudinalmente, hacia el centro de la hoja. Coloca tus dos manos al principio de la esterilla, en paralelo al trozo de salmón. Ayudándote de la esterilla comienza a enrollar el alga nori sobre sí misma. Cuando llegues al final, humedece la parte de alga nori que no está recubierta por arroz y cierra el rollo.

Una vez estén hechos todos los rollos, con un cuchillo muy afilado corta cada rollo en trozos de maki sushi de un dedo gordo de anchura.

Sirve en una bandeja todos los trozos, acompañándolo de un poco de wasabi y salsa de soja en recipientes adecuados.

De postre ¿qué tal un poco de helado de té matcha?

Anuncios

Viaje extracorporal a Japón: helado de té matcha

Imagen

Oro verde. O eso podríamos deducir a juzgar por lo que cuesta. La chica de la tienda me lo tuvo que notar cuando pregunté por el precio de 40 gramos de té matcha especial repostería. Rondaban los diez euros: mi cara era una mezcla de asombro e indignación. Pese a todo, compré una bolsita, diciéndome a mi misma que iba a hacer grandes cosas con ella.

Y efectivamente, así fue. En una cena asiática que organizamos con amigos, nosotros hicimos los postres y decidimos que era una buena ocasión para utilizar el té. Diego hizo moshis de té matcha rellenos de chocolate. No guardamos recuerdos fotográficos de aquello porque era verdaderas pinstrositys: era mejor olvidar. Pese al aspecto, he de decir que estaban muy buenos.

Yo opté por hacer un helado de té matcha. Había que darle salida al té y a la heladera que nos habíamos comprado en Navidad y que solo habíamos utilizado una vez para crear una especie de témpano de hielo sabor a dátil. Bien, tenía que encontrar una receta que fuera de fiar, no quería pifiarla en la cena. Busqué en google y para mi sorpresa en el primer puesto estaba la receta de té matcha de un blog al que tengo en mucha estima: El Monstruo de las Galletas. Así que decidí no buscar más y fiarme de su criterio. El resultado fue muy bueno, el sabor era extremadamente delicado, te teletransportaba a Tokyo en un milisegundo y allí te quedabas mientras el suave helado se derretía en tu boca. Si no, que se lo pregunten a mi amigo José Aniorte, que entró en una especie de trance al probarlo.

Ingredientes

  • 20 gr de té matcha
  • 400 ml de leche entera
  • 400 ml de nata
  • 6 yemas de huevo
  • 250 gr de azúcar

Preparación

Mezclamos el té con 40 gr de azúcar y un par de cucharadas de leche hasta obtener una pasta. Ponemos el resto de leche a calentar y añadimos esta pasta mientras removemos con una cuchara de madera. Cuidado con que la leche no hierva, mantener a fuego medio.

Por otro lado mezclar las yemas con el resto del azúcar. Añadir esta mezcla a la leche y seguir removiendo  para que no se pegue. En cuanto dé un hervor, retiramos el cazo del fuego y dejamos templar.

Montamos la nata (no hace falta que esté muy montada, solo un poco) e incorporamos la mezcla del cazo (que ya estará fría) muy poco a poco, haciendo movimientos envolventes con la cuchara.

Metemos esta mezcla en la heladera y la ponemos a funcionar. Cuando acabe, colocar el helado en un tupper y meter en el congelador. El helado aguanta cremoso varias semanas en el congelador, lo difícil es que te resistas

Vermicelli con habas, una mezcla japo-ilicitana

Imagen

Las mejores cosas de la vida ocurren por casualidad. Tus amigos te convencen para salir de marcha y acabas encontrando a tu gran amor; te pierdes en un viaje y te topas con la puesta de sol más impresionante que has visto hasta la fecha.  Algo parecido ocurre con la cocina: las mejores recetas son a veces las que menos se planean, las que se improvisan con cuatro ingredientes. Para que nos entendamos, las que haces cuando no tienes en la nevera más que un tomate chuchurrido y trozo de queso tristón. Que a más de uno nos pasa eso y más veces de las que desearíamos.

Los vermicelli están extraídos del suculento libro de Yotam Ottolenghi El Gourmet Vegetariano, nuestra última adquisición de literatura gastronómica. La receta original contenía las judías japonesas edamame y, claro, a falta de tal nivel de especialización decidimos optar por las humildes habas de la tierra. Aunque la textura es más tosca que el edamame, la verdad es que no quedó mal del todo. La salsa con la que están regados los vermicelli es para morirse de buena.

Ingredientes (para 4 personas)

  • 200 gr de vermicelli o fideos de arroz
  • Aceite de sésamo o en su defecto de oliva
  • 3 dientes de ajo machacados
  • 300 gr de habas pequeñas (pueden ser congeladas, si son frescas mejor)
  • 3 cebollas tiernas cortadas en juliana
  • 3 guindillas pequeñas cortaditas a escamas
  • 3 cucharadas de cilantro fresco picado
  • 3 cucharadas de menta fresca picada
  • 3 cucharadas de sésamo tostado
  • Sal

Salsa

  • 2 cucharadas de jengibre rallado
  • El zumo de 4 limas
  • 3 cucharadas de aceite de sésamo o en su defecto de oliva
  • 2 cucharadas de azúcar
  • 5 cucharadas de salsa de soja

 

Preparación

Empezamos por la salsa. Mezcla todos los ingredientes y reserva a temperatura ambiente.

Pon los vermicelli a remojo en agua caliente durante cinco minutos (o lo que especifique el fabricante en la etiqueta), cuélalos y resérvalos.

Cubre la base de una sartén honda (o en una olla achatada) con el aceite de sésamo, caliéntalo un poco y echa la cebolla, el ajo y la guindilla. Rehoga a fuego medio hasta que la cebolla se vuelva transparente. Añade las habas  y rehoga tres o cuatro minutos más. Añade sal al gusto y apaga el fuego.

Echa encima de la mezcla los vermicelli escurridos, el cilantro, la menta y el sésamo y remueve con mucho cuidado. Emplata y encima de cada ración vierte una cantidad generosa de la salsa que hemos preparado al principio. Decora con un par de ramitas de cilantro y ya lo tienes. Este plato se puede consumir templado, frío o caliente, como tú quieras.

¿Te falta un postre para rematar la faena? Prueba con esta Panna Cotta de chocolate blanco con pistachos acompañada de salsa de mango y frambuesa.