Buñuelos de puerro, aires de Israel

buñuelos de puerro

El verano viene a ser un agujero negro, en lo que a las rutinas se refiere. Todo lo absorbe con su calma chicha estival. Pasan los días y el pc se queda aparcado cogiendo polvo, los recados pueden esperar.  Cualquier intento de hacer cualquier tarea normal deviene una aventura pantagruélica. Diciéndome esto a mi misma no me siento tan culpable por no haber escrito ni un solo post en el último mes.

Este plato lo hice hace varias semanas, cuando aun cocinaba. La receta está extraída del libro de Yotam Ottolenghi, que por si no lo sabéis todavía, es un escándalo gastronómico con firma vegetariana. Este cocinero británico de origen israelí no es vegetariano, pero como él mismo asegura: “me gusta la carne y el pescado, pero puedo cocinar fácilmente sin estos ingredientes. Los calabacines marinados con vinagre de mi abuela o los higos rellenos de queso de oveja que solíamos comer antes de cenar son tan importantes y básicos en mi dieta como cualquier pieza de carne”. Sus raíces de Oriente Medio celebran un festín de aromas, sabores y texturas utilizando los vegetales, el huevo y queso como base.

Esta receta de buñuelos de puerro es ligera y sabrosa. Ottolenghi la elabora partiendo de recuerdos de su infancia, cuando los tomaba en su Israel natal, preparados por su tía Yona. Un plato rico, si se le añade un componente emocional, se torna en un plato fantástico. Nosotros no contamos con esos recuerdos infantiles, pero el plato nos chifla igualmente.  Funciona muy bien como aperitivo, acompañándola con una salsa de yogur o, si se desea un plato más consistente, una ensalada raita. A pelo también están magnificos.

Ingredientes

  • 3 puerros hermosos  y limpios
  • 5 chalotas picadas
  • 150 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 2 guindillas rojas secas picadas o un chile rojo fresco laminado
  • 20 gr de perejil fresco picado
  • Un manojito de cilantro molido
  • 1 cucharadita de comino molido
  • ¼ cucharadita de cúrcuma molida
  • ¼  cucharadita de canela en polvo
  • 1 cucharadita de azúcar
  • 1 cucharadita de sal
  • 1 huevo ecológico
  • La clara de un huevo ecológico
  • 120 gr de harina con levadura
  • 1 cucharada de levadura
  • 150 ml de leche entera
  • 55 gr de mantequilla derretida

Salsa

  • 200 gr de yogur griego
  • 1 diente de ajo machacado
  • El zumo de medio limón
  • Un poco de ralladura de limón
  • 1 cucharadita de azúcar
  • 1 pellizco de sal

Preparación

La elaboración de este plato en bien sencilla. Preparamos la salsa mezclando todos los ingredientes y reservamos en la nevera.

Cortamos los puerros en rodajas y sofreímos junto a las chalotas a fuego medio durante 15 minutos. Mezclamos con las especias, la guindilla, las hierbas, el azúcar y la sal y dejamos templar.

Batimos las claras a punto de nieve y mezclamos con la verdura. En otro bol, mezclamos la harina, la levadura, la mantequilla, el huevo y la leche y mezclamos hasta conseguir una mezcla homogénea. Incorporar la mezcla de verduras poco a poco y remover ligeramente con movimientos envolventes. Reservar.

Calentar un dedo de aceite en una sartén amplia. Cuando el aceite esté caliente, coger una cucharada colmada de la mezcla y verterla en la sartén. Repetir tres o cuatro veces. No es conveniente echar muchos buñuelos cada vez porque enfriaríamos el aceite. Cuando los cuatro buñuelos estén dorados por un lado, darles la vuelta y dorarlos por el otro. Repetir el proceso con toda la masa. Cuando los vayamos sacando, dejarlos reposar encima de una bandeja o plato forrado de papel de cocina, para que absorba el exceso de aceite.

Servir los buñuelos acompañados de la salsa.

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Vermicelli con habas, una mezcla japo-ilicitana

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Las mejores cosas de la vida ocurren por casualidad. Tus amigos te convencen para salir de marcha y acabas encontrando a tu gran amor; te pierdes en un viaje y te topas con la puesta de sol más impresionante que has visto hasta la fecha.  Algo parecido ocurre con la cocina: las mejores recetas son a veces las que menos se planean, las que se improvisan con cuatro ingredientes. Para que nos entendamos, las que haces cuando no tienes en la nevera más que un tomate chuchurrido y trozo de queso tristón. Que a más de uno nos pasa eso y más veces de las que desearíamos.

Los vermicelli están extraídos del suculento libro de Yotam Ottolenghi El Gourmet Vegetariano, nuestra última adquisición de literatura gastronómica. La receta original contenía las judías japonesas edamame y, claro, a falta de tal nivel de especialización decidimos optar por las humildes habas de la tierra. Aunque la textura es más tosca que el edamame, la verdad es que no quedó mal del todo. La salsa con la que están regados los vermicelli es para morirse de buena.

Ingredientes (para 4 personas)

  • 200 gr de vermicelli o fideos de arroz
  • Aceite de sésamo o en su defecto de oliva
  • 3 dientes de ajo machacados
  • 300 gr de habas pequeñas (pueden ser congeladas, si son frescas mejor)
  • 3 cebollas tiernas cortadas en juliana
  • 3 guindillas pequeñas cortaditas a escamas
  • 3 cucharadas de cilantro fresco picado
  • 3 cucharadas de menta fresca picada
  • 3 cucharadas de sésamo tostado
  • Sal

Salsa

  • 2 cucharadas de jengibre rallado
  • El zumo de 4 limas
  • 3 cucharadas de aceite de sésamo o en su defecto de oliva
  • 2 cucharadas de azúcar
  • 5 cucharadas de salsa de soja

 

Preparación

Empezamos por la salsa. Mezcla todos los ingredientes y reserva a temperatura ambiente.

Pon los vermicelli a remojo en agua caliente durante cinco minutos (o lo que especifique el fabricante en la etiqueta), cuélalos y resérvalos.

Cubre la base de una sartén honda (o en una olla achatada) con el aceite de sésamo, caliéntalo un poco y echa la cebolla, el ajo y la guindilla. Rehoga a fuego medio hasta que la cebolla se vuelva transparente. Añade las habas  y rehoga tres o cuatro minutos más. Añade sal al gusto y apaga el fuego.

Echa encima de la mezcla los vermicelli escurridos, el cilantro, la menta y el sésamo y remueve con mucho cuidado. Emplata y encima de cada ración vierte una cantidad generosa de la salsa que hemos preparado al principio. Decora con un par de ramitas de cilantro y ya lo tienes. Este plato se puede consumir templado, frío o caliente, como tú quieras.

¿Te falta un postre para rematar la faena? Prueba con esta Panna Cotta de chocolate blanco con pistachos acompañada de salsa de mango y frambuesa.